A Martín le faltaba uno.
Solo uno.
Estaba en 99.999 suscriptores y llevaba tres horas en directo esperando que el contador subiera a 100.000.
—“Vamos… uno más”, repetía mirando la pantalla.
El chat estaba lento. Era tarde.
2:47 a.m.
Entonces ocurrió.
El número cambió.
100.000
Martín gritó de emoción.
Pero algo más apareció debajo del contador.
Un nuevo usuario se había unido al directo.
Nombre: 000000
Sin foto.
Sin mensajes.
Sin historial.
Solo observando.
—“Bienvenido al suscriptor 100.000”, dijo Martín riendo.
El usuario escribió algo.
Un único mensaje:
“Ahora me toca a mí.”
El chat comenzó a llenarse de signos de interrogación.
Martín intentó bromear.
—“¿Te toca qué? ¿Un saludo?”
La transmisión se congeló un segundo.
Cuando volvió, el contador marcaba:
99.999
Martín frunció el ceño.
Luego:
99.998
—“¿Qué está pasando?”
El número bajaba.
Pero nadie se iba del directo.
De hecho, los espectadores estaban aumentando.
El usuario 000000 volvió a escribir.
“Por cada suscriptor… me acerco.”
Las luces del estudio parpadearon.
99.990
99.973
99.941
El chat ahora estaba lleno de un mismo mensaje que Martín no estaba escribiendo:
“MÍRAME.”
La cámara cambió sola al modo frontal máximo.
Zoom.
Demasiado cerca.
Detrás de Martín… algo oscuro comenzó a definirse en la pared.
Una sombra que no seguía sus movimientos.
99.900
—“Esto es una broma, ¿cierto?”
El usuario 000000 envió una última línea:
“Gracias por abrir la puerta.”
El contador cayó a cero.
La transmisión terminó.
A la mañana siguiente, el canal de Martín seguía activo.
Con 100.001 suscriptores.
Pero todos los videos habían sido borrados.
Solo había uno nuevo.
Titulado:
“Gracias por suscribirte.”
Duración: transmisión en vivo.
Y en la miniatura…
Se ve a alguien sentado en su silla.
Pero no es Martín.
Y detrás de esa figura…
Hay miles de sombras.
Esperando el siguiente número.